El caldo de grelos es uno de los pilares gastronómicos de la cocina gallega tradicional. El verdadero caldo gallego como mencionaba el famoso "Picadillo", "es un caldo enxebre, que solo lleva una mixtura de patatas, judías, verduras, unto de cerdo rancio y nada más". Pero como él mismo decía: "Ahora que los gallegos somos algo más pudientes daremos una receta más condimentada".
Hoy vamos a hacer un caldo un poco más sustancioso, de cosecha propia, no pretendo entrar en conflicto con los más puristas. Emplearemos algunas carnes de cerdo además de los 4 ingredientes insustituibles: habas, patatas, unto (que no es más que tocino de cerdo salado y ligeramente rancio que le da al caldo gallego su sabor característico) y grelos.
Los grelos, proceden del nabo y son las hojas y tallos tiernos que aparecen en la planta antes de su floración, durante el invierno. Tienen un característico sabor amargo y una textura áspera, no se deben confundir con las nabizas, que son las hojas y tallos tiernos de esta misma planta que se recogen antes que los grelos. Las nabizas son algo más suaves que los grelos en sabor y carecen prácticamente de tallo, pero tienen similares propiedades organolépticas y desde el punto de vista nutricional. Ambos aportan muy pocas calorías y un elevado contenido en fibra; son ricos en proteínas, minerales y vitaminas. También poseen un elevado contenido en compuestos bioactivos como los flavonoides, que en general se consideran antioxidantes, antiinflamatorios y protectores cardiovasculares, por lo que su consumo puede ser muy beneficioso para nuestra salud.
Así que no tenéis excusa para no hacerlo: rico, saludable y muy fácil de hacer. Sí, es cierto que algo de tiempo lleva, sobre todo el limpiar la verdura, pero también podemos hacer cantidad y nos aguantará varios días en la nevera.
¡Ya me contaréis!


